sábado, 8 de noviembre de 2008

Para Nuestro Padre

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo.

Cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste, cuántos lugares
se han tornado vanos,
y sin sentido, iguales a luces
en el día.

Tardes que fueron nicho de tu imagen
musicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo.

Yo tendré que quebrarlas con mis manos
¿En qué hondonado esconderé mi alma, para
que no vea tu ausencia?.
que como un sol terrible, sin ocaso brilla
definitiva y despiada.

Tu ausencia me rodea, como la cuerda a la
garganta.

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